Miércoles, 08 de Febrero 2023

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No habrá parejera

Por: Salvador Camarena

No habrá parejera

No habrá parejera

A finales de 2022 parecía que las cartas estaban echadas, que el Presidente ya tenía definida a “la buena” para el 2024. El #EsClaudia sonaba a algo más que un pegajoso, y megaubicuo, eslogan. Al arrancar 2023 las cosas ya no lucen tan definidas. 

Adán Augusto López y Marcelo Ebrard están haciendo su luchita, y nada indica que se trate de actuaciones resignadas a un rol de comparsa. El secretario de Gobernación y el de Relaciones Exteriores han retomado fuerza como posibles sucesores de Andrés Manuel López Obrador.

Claudia Sheinbaum sigue, que no quede duda, como puntera de la nomenklatura. Pero el percance del Metro en donde una joven murió fue un contundente recordatorio de que cualquier aspiración política, por más inevitable que luzca, es sólo eso, una posibilidad, una ilusión que en cualquier momento podría evaporarse sin remedio.  

La jefa de Gobierno puede contar con las simpatías de Palacio Nacional. Y con méritos propios para, dentro del grupo de seguidores del Presidente, apuntarse como la mejor carta para la continuidad con cambio (en ese orden). Pero si es castigada en los sondeos por percances en la ciudad que es su responsabilidad, o por la sombra presidencial que a menudo la opaca, su jefe político no dudará en dejarla en la cuneta. 

Sobre todo si en las encuestas el vaivén entre ella y Ebrard sigue prácticamente empatado. Sobre todo, también, si con los meses Adán Augusto continúa avanzando en los sondeos. Si el paisano del Presidente logra pisar los talones a Claudia y Marcelo, entonces el dedo del Mandatario, que inclinará la balanza de sus millones de incondicionales, podría optar por cualquiera de los suspirantes. 

Por cierto: el que debería descartarse ya, a riesgo de terminar sin capital alguno, es Ricardo Monreal, que tras sus titubeos del año pasado no ha mostrado fuerza en las encuestas o en la opinión pública; de seguir así perderá hasta la posibilidad de ser un factor en la elección.

Qué interesante cómo en sólo dos meses ha cambiado la tónica de la carrera en el oficialismo. Ebrard ha dado entrevistas donde abona a la idea de que él es el cambio con continuidad (sí, más cambio que continuidad). Esa actitud le ganará al canciller apoyos en cierta clase media que, resignada por la (hasta hoy) imposibilidad del PRIAN de crear una alternativa que compita, verían en el ex jefe de Gobierno capitalino al “menos malo” de los morenistas de AMLO. 

Adán Augusto en cambio aguardará su turno disfrazado de lo que es. El más parecido a su paisano, el más dispuesto a una continuidad sin dobleces o disimulo. Esa manera discreta de operar sus aspiraciones no implica ausencia de jugadas que le han salido mejor que a Marcelo. Si el #EsClaudia pegó, el #Estamosagusto no se queda atrás en cuanto a creativa travesura. Y si le sumamos ocurrencias como las de este fin de semana, cuando ídolos futbolistas “espontáneamente” le enviaron saludos de apoyo, tenemos como resultado un nuevo runrun: no habrá parejera, él también tratará de colarse a un cierre de fotografía. 

Adán tiene a su favor, además, que la rumorología le posiciona, una semana sí y otra también, como el operador de AMLO. Esto no es una obviedad por tratarse del titular de Bucareli. Con este Presidente importa el encargo, no el membrete. Y cada rato surge en los corrillos la figura de López Hernández como fiscal emergente por la enfermedad del titular, o como negociador con la Corte. Como el hombre de más confianza del Presidente.

El espectáculo sucesorio está garantizado. Los tres darán de qué hablar. Veremos si logran evitar delicados caballazos. 

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