Miércoles, 08 de Febrero 2023

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“Ruido” contra el silencio de las desapariciones

Por: Jonathan Lomelí

“Ruido” contra el silencio de las desapariciones

“Ruido” contra el silencio de las desapariciones

Antesala de la morgue. Julia encara al fiscal: “Queremos ver el cuerpo... si no es el de nuestra hija será la hija de alguien más”. Así comienza Julia a tejer la búsqueda de su hija, “Ger”, desaparecida hace nueve meses y tres días.  

Es la historia de “Ruido” (2023), una película de la directora mexicana Natalia Beristáin (42 años), disponible en Netflix.  

Decidí escribir sobre este film como un acto de justicia porque confieso que comencé a verlo con recelo. En mi profesión como periodista, el fenómeno de los desaparecidos y la violencia feminicida se vuelven un licor amargo del que uno bebe a diario resignadamente. 

Entré a la “sala oscura” con este prejuicio: pocas cosas pueden sorprenderme cuando vives en Jalisco, el estado con más desaparecidos en el país. Pero se me olvidaba el poder de la ficción para descubrir otros pliegues de la realidad. 

“Ruido” cuenta la historia de Julia, una madre que busca a “Ger” y enfrenta, en ese camino, el abandono institucional, la soledad de los que se quedan, el resquebrajamiento familiar y la violenta ausencia de un ser amado. Pero también descubre la solidaridad de otras madres que buscan a sus hijos e hijas. 

Hay un dato que hace más interesante el filme y quizá explica la fuerza que subyace en él. Julia, la protagonista de la historia, es la galardonada actriz Julieta Egurrola y madre de la directora. En la película también aparecen el hermano de la directora y su padre, el actor Arturo Beristáin.     

Natalia ha contado en entrevistas que tardó una década investigando y trabajando en la historia. Habló con decenas de madres buscadoras y víctimas indirectas de desaparición en todo el país. 

Su logro, sin ser crítico de cine, pero sí un cinéfilo, consiste en que expone una temática local que trasciende a lo universal: en medio de la muerte inexplicable y el dolor, aflora el poder de lo colectivo y la esperanza. 

La historia de Julia, una artista de clase media, podría ser la de cualquiera. Porque el origen de la desaparición de “Ger” se explica en la película, pero al mismo tiempo no tiene explicación ni sentido. 

En resumen, el filme sacude rincones anestesiados de nuestro ser colectivo. Sin recurrir al dramatismo fácil, con diálogos bien elaborados -una deuda eterna del cine nacional-, “Ruido” intenta romper el silencio en medio de una tragedia que de tan visible ya nadie ve.  

La directora Natalia contó que uno de los comentarios que más satisfacción le dieron vino de una chica en redes sociales. Le relató que al terminar de ver “Ruido” junto a su padre, éste le dijo: “Ahora entiendo por qué se manifiestan”.  

Confieso que yo también lo había olvidado.     

jonathan.lomelí@informador.com.mx
 

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